jueves, 4 de noviembre de 2010

Resumen General del Libro

Sub sole es el segundo de los libros de Lillo y como ya anticipábamos, muestra la vida bajo el sol, tal vez menos miserable que la existencia de los mineros, pero no menos paupérrima y falta de esperanzas. El libro comienza con «El rapto del sol», un cuento de corte modernista, por el predominio de la fantasía y por lo exótico del tema si bien la preocupación por un mundo mejor y el deseo de una sociedad sin clases está explícito al final del cuento:
De pronto, el monarca sintió que el piso faltaba bajo sus pies. Agitó los brazos en busca de apoyo, y dos manos estrecharon las suyas sosteniéndolo amorosamente. Aquellas manos eran duras y ásperas, tal vez pertenecían a un esclavo, y su primer impulso fue rechazarlas con horror; mas, estaban tan yertas, tan heladas, había tanta ternura en su sencillo ademán, que un sentimiento desconocido hizo que devolviera aquella presión. (...) Y aquel foco ardiente era el sol, pero un sol nuevo, sin manchas, de incomparable magnificencia que, forjado y encendido por la comunión de las almas, saludaba con la áurea pompa de sus resplandores a una nueva Humanidad. («El rapto del sol», en Sub sole, Obras Completas, p. 226).
En general, Sub sole es un libro bastante diferente del primero; se podría incluso afirmar que es más literario ya que se observa una mayor elaboración y diversidad en la temática, como asimismo en el trabajo de la escritura; su cuento «El vagabundo» es un buen ejemplo de ello pues, como se ha señalado más arriba, constituye una reescritura de «La mano pegada». En Sub sole se pueden leer también cuentos en que está presente la denuncia social como en «Quilapán», donde el robo de las tierras a la etnia mapuche constituye el tema principal. Al respecto, se puede señalar que éste es un relato de plena actualidad, pues contribuye a la dignificación del pueblo autóctono, borrando los prejuicios y falsas creencias que intentan justificar el despojo del que han sido objeto. Quilapán, como tantos otros personajes de nuestra literatura, es un personaje emblemático: representa el amor a la tierra, a la libertad, el respeto a las tradiciones, el orgullo de la raza araucana y sobre todo al ser humano que no se doblega ante el poderoso. Entre don Cosme y Quilapán existe un abismo: el engaño, el fraude, la crueldad y la falta de respeto a la vida y a la dignidad del otro, del diferente, los separa. «La carroña» que servirá de abono a la tierra según don Cosme es más bien, la metáfora de la memoria colectiva de un pueblo, que se alimenta del valor y el heroísmo de sus hijos. Sin embargo, en «El vagabundo» se muestra la visión contraria: el campesino ignorante y ladino que se aprovecha de la buena fe de las supersticiones y de la ingenuidad de sus semejantes, lo que no es óbice para mantener la prepotencia y la falta de piedad como los atributos del latifundista.
No obstante la visión bastante realista acerca del patrón y en general, del rostro del poder, en aquellos relatos en que el narrador opta por la justicia, ésta queda en manos de una entidad abstracta, llámese casualidad, dios o destino, lo cual tampoco es azaroso. Estos cuentos tuvieron una especial repercusión en el ambiente literario de la época, formado por escritores tales como Diego Dublé Urrutia, Eduardo Barrios, Carlos Mondaca, Augusto Thomson, Rafael Maluenda, su hermano Samuel Lillo, etc., quienes comprendieron que en estos cuadros, tanto mineros como campesinos, se manifestaba una fuerza moral más poderosa que la imaginación, capaz de informar sus relatos de una fuerza, exenta de artificios técnicos o estilísticos, pero con una sólida trabazón en la secuencia dramática del asunto. En esta forma de mirar el mundo, Baldomero Lillo no es diferente de los otros miembros de su generación; no se trata de la imaginación sobreexcitada del artista que, tomando conciencia de la explotación del trabajador y del dominio político que ejerce la clase terrateniente escribe sus panfletos. No, sus cuentos responden a la condición social de la época y por lo mismo ni el campesino esclavizado ni el minero casi sepultado en las profundidades de las galerías, podía erigirse en la figura que triunfara o venciera al potentado. Así vemos que don Simón pierde la razón cuando intenta castigar al vagabundo de la mano pegada, pues para el latifundista este artilugio representa la resistencia al poder, tal como lo ha sido la esposa con su salud precaria o el hijo con sus propios intereses, opuestos a los del padre:
(...) de pronto todo se aclaró en su espíritu. El insidioso tañido se extinguió en su corazón el día en que empuñó en sus manos el látigo de capataz. Es verdad que sus voces eran ya muy débiles y apagadas, pues siempre resistió con entereza sus pérfidas insinuaciones encaminadas a apartarle de la soñada meta de la fortuna y el poder. Arrojado de allí, vengativo y malévolo, fue a buscar albergue en el corazón de su mujer, donde reinó como soberano absoluto. ¡Ah, cómo le hizo sufrir, a él, emancipado de toda sensiblería, aquella naturaleza débil, crédula y enfermiza!
Muerta la esposa, el cascabel, obstinado y rencoroso, se anidó en el corazón de su hijo. (...) De repente se estremeció y entreabriendo lentamente sus cerrados párpados, vio inclinado sobre su rostro el pálido semblante del vagabundo. Apenas pudo reprimir un grito de victorioso júbilo: el cascabel estaba dentro del corazón del mendigo y repicaba con inusitado brío su perturbado melopea. («El vagabundo», en Sub sole, Obras completas, p. 272- 273.)
Un análisis más fino nos introduce en los trastornos que origina el poder, pero debe bastarnos considerar la locura del hacendado como la sanción que obtiene por su despotismo e intransigencia y si consideramos la época en que se escribe, alrededor de 1907, habría que señalar una gran osadía de parte del autor, pues en forma sutil toma partido en contra de los abusos del poder.
Del resto de los cuentos de Sub sole habría que destacar «Inamible». El título, formado por una palabra desconocida y creada por el autor, es sugerente; el vocablo, según su creador intradiegético, hace referencia a aquellos animales que suelen quitarle el ánimo a las personas: culebras, lagartijas, sapos, etc., o que las asustan y al mismo tiempo se burla de un policía pueblerino que, celoso cumplidor del deber, no trepida en inventar palabras que justifiquen su desempeño. Los inconvenientes provocados por «el Guarén» a sus superiores y el beneficio que otorga al «infractor» de la ley constituyen los elementos principales de un relato muy ágil, ameno y original.
Por último, respecto de Sub sole es necesario señalar que, a pesar de la crítica obtenida en el momento de su publicación, este es un libro con una temática mucho más amplia que Sub terra, y aunque los estudiosos del escritor echan de menos una prosa más cuidada y el empleo de una mayor técnica, lo cierto es que Lillo no podría haber escrito de otra forma que no fuera ésta, la del corazón y con la fuerza de la verdad que vio y sintió y en la que supo captar con mucha perspicacia el verdadero ser del hombre de campo, del minero y del pescador de nuestro país.

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